Bosé

Me sorprendo a mí mismo escribiendo esta entrada. Sobre todo porque cuando se estrenó el sencillo adelanto del disco (Encanto), mi amiga Rosario me lo puso y, antes de poder terminar de escucharlo, le dije que lo quitara.

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Nota número uno: No volver a escuchar nada por primera vez si no es como es debido. Tranquilito, con auriculares, y de una fuente oficial (buena calidad de sonido)

Luego, una tarde de paseo por el centro con mi amigo Miguel Ángel, con el disco ya en la calle, me encuentro con que llega a la cita escuchándolo en el Ipod. Y me extraña porque quien le conozca bien sabe que no es muy de música española. En el B.K. de Sol me deja los auriculares y me pone Libre ya de amores, segundo corte del disco. Le digo que no me parece “ni fu ni fa”, cosa que un poquito más tarde sorprende a mi amigo Jose, cuya llamada de teléfono nos pilló buscando un sitio interesante para tomarnos unas infusiones. -Pues a mí me parece que este tema recupera al mejor Bosé– me dice. -Ya- le respondo- pero tú estás buscando la más mínima excusa para reconciliarte con él.

Pero el caso es que me quedé un poco picado. Porque, aunque para gustos están los colores, que dos artistas como mr. Torresano y Lorca se extrañen de mi reacción ante Amo, me puso en alerta. Y como no me gusta perderme nada sin darle su justa oportunidad me puse a escuchar el disco. Tranquilamente, con los auriculares y sin prejuicios. Por los viejos tiempos. Y ahí fue cuando…

Ahora sí que sí...

Ahora sí que sí…

Para empezar, el disco suena muy pero que muy bien. Cosa de la que era complicado darse cuenta con nuestros nuevos hábitos de consumo. ¿Escuchar el adelanto de un disco en una cocina, mientras te preparas el desayuno, con el ordenador de fondo reproduciendo un clip de Youtube? Mal… ¿Darle una segunda oportunidad escuchando otro tema, recién sentado en el Burger, antes de ponerte a comer? ¡Fatal! Y más en este caso, porque mr. “Dominguín” Bosé tiene sus peculiaridades. Y uno tiene que acercarse a él con cierta predisposición porque (y esto no es una crítica) no es Celine Dion. Y no pasa nada. Simplemente que, al no poder maquillar con mil piruetas vocales lo que canta, juega con otras cartas. A saber, música y letra. Y, en esta ocasión, con una producción maravillosa que, por un instante (Domingo), roza el nivel de unos Tears for Fears (ahí es ná’…)

Resulta que, causalmente, ya conocía los dos primeros cortes del disco. Y, como en el refrán, fue a la tercera (canción) que fue la vencida. Amo, tema que da título el disco me excitó la oreja y, más aún, me dio la clave del disco. Quizás la clave de lectura de este “viejo nuevo” Bosé. Ya saben que con anterioridad he dicho de él que el que pudo ser el Bowie español estaba corriendo el riesgo de convertirse en un nuevo Lauren Postigo. Pues va a resultar que finalmente, a base de caminar en el filo de la navaja, Bosé se nos ha convertido en el primer espada de los cantautores/siglo XXI de este país. Un género que quizás inaugurara nuestro genial y osado Javier Álvarez.

J.Á.

J.Á. Un imprescindible.

Miguel no va guitarra en mano. Miguel no te tuesta con su espesura. Canta lo que canta sobre unas bases electrónicas que, en esta ocasión, son canela fina. ¿Y qué canta? Pues, como quien no quiere la cosa, verdades como puños. Y, si te descuidas, te hace bailar a la vez como, por ejemplo, con Sí se puede. Deseando estoy de dejarme caer por algún concierto de su próxima gira sólo por gritarla a pleno pulmón mientras boto (con b) que lo de votar (con v) me da un poco más de pereza.

Pero no ha sido este tema, del que ya se han hecho eco los medios de comunicación, el que me desarmó sino Tú, mi salvación. En una palabra: Wow! Vaya desarrollo armónico-melódico. Cuanta grandeza disfrazada de sencillez. En mi opinión, sólo por este tema se justifica ya comprarse el álbum completo. Deshojando la margarita (¿Le vuelvo a querer? ¿No?) me quedé con un sí rotundo en el último pétalo.

¿xxx?

¿xxx?

Y es que, y es mi opinión personal, este disco me parece hecho desde ese “leb” (que en hebreo significa corazón) que no sólo es sentimiento sino que incluye la razón. Por eso suena como suena, más allá de todo oficio y artificio, trayendo el eco de las entrañas de su autor. Unas entrañas de padre/madre que quiere un mundo mejor para sus hijos. Y se nota. En unas letras que tienen, sin pretenderlo, una luz especial. El disco se llama AMO. Y se nota que, por fin, ama de verdad.

¿Puntuación? 9/10 (Sobresaliente) porque tiene un par de pecadillos veniales, a los que él es inmune, y que se le perdonan totalmente porque un disco así, después de más de treinta años de carrera, es para que el respetable pida para este torero las dos orejas y el rabo.

 

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